La puesta en marcha de un corredor verde o un vivero municipal sigue pasos concretos: relevamiento del terreno, elección de especies, calendario de plantación y mantenimiento. En esta página se detalla el orden de trabajo, los tiempos estimados y las limitaciones prácticas que aparecen en cada etapa.
La implementación de un corredor verde no se resuelve con una sola plantación. Requiere relevamiento, producción de especies, obra en calle y seguimiento durante varias temporadas. Acá está el orden en que trabajamos con los municipios.
Antes de plantar, se inventarían las especies presentes, el estado sanitario de los ejemplares y los espacios disponibles en veredas, plazas y bordes de calles. Este relevamiento define qué especies nativas tienen lugar y cuáles deben evitarse por conflicto con veredas o cableado.
Las plantas se crían en viveros locales durante al menos una temporada completa. Así se asegura que los ejemplares lleguen a la calle con raíz desarrollada y tolerancia al clima de la región. Se priorizan especies nativas de bajo requerimiento hídrico.
La obra en calle incluye la remoción de suelo compactado, el aporte de sustrato y la instalación de tutores. En zonas con veredas angostas se trabaja con cazuelas de riego para retener agua en los primeros meses.
La plantación se programa en otoño o inicio de primavera, cuando la demanda hídrica es menor. Durante el primer año, el riego se mantiene con frecuencia semanal y se ajusta según lluvias y temperatura. Es la etapa más crítica para la supervivencia.
Pasada la primera temporada, se evalúa la prendimiento, se reemplazan ejemplares fallidos y se realiza poda de formación para evitar ramas bajas o cruzadas. Este seguimiento se extiende por dos o tres años hasta que el árbol se sostiene solo.
Al finalizar, se documenta el corredor con su lista de especies, fechas de plantación y responsables de mantenimiento. Esa información se publica para que los vecinos conozcan qué se plantó y cómo participar en el cuidado.